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HAMLET

"Un grupo de personas con síndrome de Down y un pequeño equipo de profesionales del teatro, nos reunimos durante un año a crear “Hamlet”. Fuimos tomando de Shakespeare aquello que los actores y actrices iban conectando con sus vidas: la relación de Hamlet y Ofelia con sus padres, la amistad sin condiciones, el amor supervisado, la rebeldía frente a Claudio, los consejos de un padre temeroso, los monólogos, las dudas, las preguntas existenciales… ¿Ser o no ser? Se fue construyendo un espacio de trabajo en el que todos y todas tuvimos una voz. Fue “nuestro año de Hamlet”. 

CHELA DE FERRARI

Directora

CHELA DE FERRARI

Directora

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UN PROYECTO TRANSMEDIA

  • Una obra de teatro a punto de iniciar gira por Europa
     

  • El registro cinematográfico de la obra que cuenta con dos versiones inclusivas:

    • Para personas con discapacidad auditiva.                   

    • Para personas con discapacidad visual. Un fragmento
       

  • Un documental en proceso. Mira el trailer  

 
 

 CRÍTICA TEATRAL

Jeremías Gamboa, escritor y periodista, 28 de octubre 2019
Lo que han hecho estos siete actores con síndrome de Down y una actriz con discapacidad intelectual bajo la dirección de Chela De Ferrari es algo así como un milagro. El "Hamlet" que se ha montado en La Plaza es uno de los espectáculos teatrales más impresionantes que se hayan visto en Lima porque ademas de dirigirse al centro del teatro, a su oficio y especificidad, a su materialidad y posibilidad simbólica, también lo trasciende por completo hasta llevar la obra a ser muchas otras cosas más allá del teatro mismo. Dejar el texto neurálgico del canon occidental a la imaginación y voluntad de estos creadores siempre al margen de los procesos de creación y en general de cualquier proceso social o cultural; dejar que sean ellos quienes lo apropien, intervengan, ensayen y muestren su proceso así como lo representen en toda regla, manteniendo el orden y el rigor del teatro más exigente, es una hazaña verdadera y una de las formas más audaces de contestar el poder simbólico y revertirlo, de encontrar nuevos sentidos a un clásico absoluto y a forzar al texto de Shakespeare a decir mucho más de lo que se suponía podía decir. El propio clásico es el campo de batalla, y la lucha por la restitución del poder y la corona es también la lucha por el derecho a expresarse y a tener una historia que contar, a ser considerados por el resto, a existir. De eso se trata regresar a los grandes clásicos. Y en La Plaza todo eso está ocurriendo. Un espectáculo con ritmo, humor, poesía, corazón, tripas, hondura, emoción, fiesta. Un regalo del teatro al propio teatro y a la realidad que circula en el escenario en la forma de esa corona de rey que pasa de mano en mano entre Diana, Ximena, Cristina, Álvaro, Octavio, Jaime, Manuel y Lucas. Chela se supera y nos supera. Para bien. Uno sale del teatro creyendo una vez más, tercamente, en el teatro. Y también en el mundo.

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 CRÍTICA TEATRAL

Mariana de Althaus, dramaturga y periodista, 13 de octubre 2019
Unir dos cosas que no nacieron para estar juntas, y ver cómo su unión produce claridad sobre una zona de lo humano que estaba a oscuras: dicen que en eso consiste el arte. Chela De Ferrari juntó el texto más prestigioso de la dramaturgia universal con un grupo de actores “invisibles”, los descartados por nuestro sistema neuronormativo. Y en su montaje, que mezcla la ficción con lo testimonial, las palabras del clásico de los clásicos, hechas para ser pronunciadas por actores prestigiosos y admirados, muestran nuevos significados, se llenan de electricidad. Temíamos que el príncipe de Dinamarca se cansara de hablar algún día y en este montaje nace de nuevo, listo para preguntarse, como si fuera la primera vez, o quizás la última, “Ser o no ser”, y convertirnos a todos en pequeños Hamlets lanzados al mundo, como valientes ratones luchando por cruzar una autopista de alta velocidad. Si el teatro tiene una función, es servir de fuente de conocimiento de lo humano y de espejo de nuestras cavernas interiores, y en esta obra el espejo es limpio y claro. Mientras el teatro tenga la capacidad de conectarnos con nuestra parte más vulnerable y pura, el teatro tendrá sentido; y mientras tengamos la capacidad de identificarnos con los menos privilegiados, el mundo tendrá esperanza. Hay que ir y entregarse a ese manantial.

PREMIO Y CRÍTICA TEATRAL

GANADORA DEL PREMIO DEL JURADO 2019 POR "OFICIO CRÍTICO"
 

Sergio Velarde, director de "Oficio crítico"
La directora teatral Chela De Ferrari, durante la temporada de Mucho ruido por nada (2016), mencionaba que “los grandes clásicos siempre nos hablan de algo cercano, sin importar el momento en que se hagan”. La mencionada versión libre de la pieza de Shakespeare, en la que todos sus personajes fueron interpretados por varones como en la época isabelina, le sirvió para reflejar ciertos prejuicios de la sociedad, como la necesidad de la aprobación del matrimonio igualitario y promover la igualdad de género. Siguiendo esa misma línea, De Ferrari estrenó en el Teatro La Plaza una adaptación muy particular de Hamlet (2019), interpretada libremente por siete actores con síndrome de Down y una actriz con discapacidad intelectual. Los resultados fueron impecables y entrañables, acercándonos hábilmente al mundo de sus intérpretes a través de las palabras del inmortal Bardo inglés. Más que una versión libre de Hamlet o una aproximación experimental al texto original, el trabajo de dramaturgia de De Ferrari, Claudia Tangoa, Jonathan Oliveros y Luis Alberto León se centró en tender puentes entre los temas e ideas más representativas del clásico drama shakespeariano con las propias vidas de sus intérpretes, quienes nos comparten en escena sus sueños, aspiraciones, esperanzas, frustraciones y cómo deben vivir en una sociedad como la nuestra, una que no se caracteriza precisamente por respetar los derechos de las minorías. La conocida frase “Ser o no ser, esa es la cuestión”, por ejemplo, sigue manteniendo toda su vigencia al ser ahora recitada por un actor neurodiverso a modo de testimonio, quien asume su responsabilidad de enfrentarse a sus miedos y temores, de decidir qué caminos tomar, de asumir los retos que se les vaya presentando y de evolucionar para alcanzar así su proyecto de vida. Acertadas secuencias como el interrogatorio a “Jaimlet”, los paralelismos con el personaje del malvado Claudio, la intervención del público con la troupé de actores que viene a escenificar la tragedia del príncipe, la ficticia conversación en línea con Ian McKellen, y la fiesta final con elenco y público bailando y cantando en el escenario redondean la premisa, nunca tan acertada, de que el teatro sirve para revelar grandes verdades. Estrenada antes de la pandemia, la puesta de De Ferrari sorprende además por el cuidado apoyo multimedia que enriquece el espectáculo, como el funcional uso de cámaras de video con proyecciones en la pantalla del foro. Por su parte, el carismático elenco conformado por Octavio Bernaza, Jaime Cruz, Lucas Demarchi, Manuel García, Diana Gutierrez, Cristina León Barandiarán, Ximena Rodríguez y Álvaro Toledo se mostró seguro y cómodo en su ejecución escénica. Esta versión libérrima de Hamlet no solo es un sólido montaje teatral, sino que cumple con llamar la atención sobre la necesaria visibilización de las personas con habilidades diferentes, así como la urgencia de darles el trato respetuoso y digno que se merecen.